Dos grandes ríos en el cuerpo humano...

Existe en el cuerpo humano un flujo permanente de agua en forma de plasma sanguíneo y linfa que alcanza los últimos rincones del cuerpo humano –salvo en los cartílagos- para alimentar y oxigenar las células de nuestro cuerpo, conducir glóbulos rojos, blancos y otras células, y recoger los desechos del metabolismo celular para su reciclado y expulsión a través de la orina, las heces, el sudor o la exhalación.  

En el sistema de circulación sanguíneo la sangre –formada por  un 55 % de plasma, que es la parte líquida del flujo- es bombeada por el corazón a un enorme y complejo circuito cerrado para volver al corazón y ser rebombeada una y otra vez, a razón de una vuelta por minuto. 

En conexión con este gran río de sangre, los capilares linfáticos recogen el líquido intercerlular –con partículas de desecho, plasma vertido desde los capilares sanguíneos por exceso de presión, excreciones de las células e incluso cuerpos extraños, como microbios- y lo conducen por movimientos inducidos hacia los ganglios, el bazo y otros órganos para finalmente devolver este flujo al sistema sanguíneo a través del las venas clavias. El sistema linfático actua como una red de drenantes que recogen las pérdidas plasmáticas del sistema sanguíneo y los desechos celulares para reciclar y reutilizar estos productos.