El agua es la molécula más abundante del cuerpo humano, y esta sometida a un continuo reciclaje

El agua ingerida puede seguir muchos caminos: puede pasar del sistema gastrointestinal a la sangre y de allí a los riñones, la vejiga, y ser expulsada en cuestión de horas o incluso minutos. Pero esa misma molécula de agua puede volver de los riñones a la sangre, de donde si por ejemplo, pasa a la los lagrimales, servirá para nutrir la córnea y probablemente se perderá como vapor de agua a través de la nariz. 


El plasma. Está formado por agua (90 %) y por sustancias disueltas que transporta de un lugar a otro: glucosa, urea, ácido úrico, colesterol, creatinina, bilirrubina,...)

Un adulto de 75 kg de peso que ingiera unos 3 litros de agua al día habrá bebido –y eliminado- una cantidad de agua semejante al agua que contiene su cuerpo en unos once días, pero esto no significa que haya renovado por completo el agua corporal. 
Dos tercios del agua corporal de un adulto se encuentra en el interior de las células, formando parte del líquido intracelular y en los órganos celulares, y muchas de ellas pueden vivir durante muchos años. De hecho, recientes estudios estiman que, en un adulto, la edad media de las células del cuerpo es de unos siete a diez años. 

Si tenemos en cuenta que un solo gramo de agua contiene la astronómica cantidad de 3,3 *1022 moléculas de H2O, ¡es muy probable que todos conservemos hasta la vejez algunas moléculas de agua que bebimos en nuestra infancia!

¿Sabes que tenemos en común con los camellos?

El agua metabólica se genera como residuo de la reacciones químicas de oxidación que tienen lugar en las células para obtener energía. A partir de un gramo de hidratos de carbono los humanos obtenemos 0,55 gramos de agua; de 1 gramo de proteínas obtenemos 0,47 gramos de agua y de 1 gramo de grasas obtenemos 1,07 gramos de agua. De esta manera, un adulto puede obtener unos 300 gramos de agua cada día –un vaso de agua-. 



Los camellos y dromedarios han refinado su metabolismo para generar reservas de grasas en sus jorobas y así oxidarlas obteniendo energía y gran cantidad de agua en caso de necesidad. Cuando estos animales se adentran en el desierto queman sus reservas de grasa para generar hasta 8 litros de agua por cada kilogramo de grasa.