El termalismo moderno

El termalismo moderno surgió en Europa en el siglo XVIII, favorecido por la Ilustración y el interés de las clases altas por las formas de vida y costumbres romanas. Entonces, no solo las caldas, sino los aquae romanos comenzaron a recuperar el interés social y las propiedades terapéuticas de las aguas termales y mineromedicinales fueron estudiadas por la naciente ciencia médica.  

A lo largo del siglo XIX y hasta principios del XX, localidades como Vichy en Francia, Karlovy Vary, en la actual Chequia, Baden-Baden en Alemania, o A Toxa y Mondariz en España se convirtieron en centros de reunión y solaz de la burguesía europea. Estos lugares no eran únicamente centros sanatorios, en ellos se desarrollaron y experimentaron las modernas nociones de descanso, ocio, higiene personal y pública, cosmética, y belleza como expresión de la salud corporal. Costumbres sociales tan extendidas y de tanta importancia económica como el turismo vacacional de sol y playa tuvieron sus precedentes en los baños de mar recetados en los balnearios ingleses de Brighton. No es extraño que La montaña mágica, de Thomas Mann, escrita en los años inmediatos a la Primera Guerra Mundial, usara un sanatorio balneario como el escenario en el que representar a aquella sociedad burguesa decimonónica que llegaba a su fin.


La infanta Isabel (La Chata). Balneario de Mondariz 1915.

Hoy, cuando muchas de las terapéuticas de los balnearios –como un simple baño caliente- se han incorporado a la vida diaria y doméstica, cuando la ciencia farmacéutica y cosmética reproduce de modo industrial la mayor parte de los principios y extractos químicos y los spas urbanos han acercado muchas de las técnicas balnearias a las ciudades, los balnearios recuperan popularidad y atractivo por la naturalidad de sus terapias y la autenticidad de la materia prima utilizada: el agua termal y mineromedicinal.