Literatura

Píndaro, uno de los más famosos poetas trágicos de la Grecia clásica, comenzaba su Oda Olímpica con un decidido brindis:

Lo mejor, el agua.

Y el oro como fuego incandescente se destaca de noche sobre la soberbia riqueza.

 

Y también el hedonista Marcial, poeta hispanorromano del siglo I, dedicó alguno de sus mejores epigramas al agua, tanto al agua fresca que proporcionaban los acueductos de Roma como a las templadas y relajantes aguas de las termas capitalinas.

Si me estuviera permitido, querido amigo, pasar contigo unos días sin preocupaciones, disponer de un tiempo desocupado y disfrutar juntos la verdadera vida, no conoceríamos los atrios, ni las casas de los poderosos, ni las tormentas de los pleitos, ni el triste foro, ni las imágenes soberbias de los antepasados; sino los paseos en  litera,  los  cuentos,  los  libritos,  el  Campo, el Pórtico, la sombra, el Agua Virgen, las termas: éstos serían nuestros sitios, éstas nuestras ocupaciones.

 

Rosalía de Castro, la más grande poetisa romántica de España, entonó sus célebres Cantares al correr del agua.

Adios, ríos, adiós, fontes
adios, regatos pequenos;
adios, vista dos meus ollos:
non sei cando nos veremos

 

Y por las aguas merodeaba la poesía de García Lorca, uno de los grandes de la Generación del 27.

Quiero bajar al pozo 
quiero subir los muros de Granada 
para mirar el corazón pasado 
por el punzón oscuro de las aguas. 


Y tampoco a Quevedo -que de todo escribió-, le faltó un poema alegre a unos niños nadadores:

Ya nadan de bracete, 
ya sólo un brazo sacan ; 
ya, como segadores, 
cortan la espuma blanca.

De espaldas dan la vuelta, 
hechos ramos las palmas ; 
la vuelta de la trucha, 
es la mejor mudanza.

Llegan al remolino, 
juntos los arrebata, 
las olas se los sorben, 
las ondas los levantan.



El más conocido poema lírico de la poesía trovadoresca española, de Martín Codax, es un canto a la orilla del mar,

Ondas do mar de Vigo,
se vistes meu amigo?
E ai Deus!, se verrá cedo?

Ondas do mar levado,
se vistes meu amado?
E ai Deus!, se verrá cedo?

Se vistes meu amigo,
o por que eu sospiro?
E ai Deus!, se verrá cedo?

Se vistes meu amado,
por que ei gran coidado?
E ai Deus!, se verrá cedo?